Protegido: Revista Líder 6.25, ed. 01 – Liderazgo Generacional

Liderazgo Generacional: Un manifiesto inicial.
Informe Central, por Dr. Lucas Leys

¿Intentaste cambiar la opinión de una persona? ¿Qué tal su interpretación de la realidad? Difícil… ¿Cierto?  ¿Por qué? ¿Cómo formamos nuestras opiniones? ¿Y nuestros hábitos?

¿De dónde vienen nuestros hábitos ministeriales?

Comienzo este primer manifiesto de la Revista Líder6-25 con tantas preguntas porque así comenzó la búsqueda que me encontró revisando mi acercamiento al trabajo con las nuevas generaciones. Me hice preguntas que antes no me había hecho. Hace unos años me convencí que el conocimiento se esconde en mejores respuestas pero la sabiduría, en mejores preguntas; así que la visión de un liderazgo generacional comenzó allí, en ese desierto de las nuevas preguntas que lleva a la tierra prometida de nuevas visiones.

  • ¿Por qué en la mayoría de nuestras iglesias quienes trabajan con niños no dialogan y menos planifican con quienes trabajan con adolescentes o jóvenes?
  •  ¿Por qué todavía en tantas de nuestras iglesias llamamos jóvenes a los de 13 al igual que los de más de 30 que todavía no se casaron y pretendemos que reaccionen igual a los mismos programas?
  •  ¿Por qué la mayoría de los pastores asumimos que nuestra tarea es enfocarnos en los adultos y que los líderes primerizos son los que tienen que ocuparse de los adolescentes?
  •  ¿Cuándo comienza y cuando termina exactamente la juventud? ¿Estamos seguros?
  •  ¿Cómo experimenta un preadolescente la transición entre el ministerio de niños y el de adolescentes?
  •  ¿Por qué pareciera que cada vez nos cuesta más que las nuevas generaciones aprendan la Biblia y abracen una fe que no sea emocionalista?
  •  ¿Por qué nos cuesta retener a tantos niños que pasan por nuestras iglesias?

 

Estas son preguntas iniciales que cobijan un cambio de paradigma que necesitamos con urgencia.

 

Mi búsqueda y un poco de ciencia

No muchos saben que cuando tuve la oportunidad de estudiar para mi Doctorado en Teología en California a finales de los 90, tomé algunos cursos de neurociencia del cerebro adolescente en la Universidad de California Los Ángeles (la UCLA). Mi premisa para hacerlo fue que para servir correctamente a un grupo de personas, debo prestar atención a detalles del diseño de Dios que la ciencia ha descubierto respecto a ese grupo de personas. Mi mamá me inculcó desde mi niñez que la ciencia no inventa nada sino que descubre o manipula lo que Dios ya inventó, así que siempre vi a la ciencia como una herramienta para ilustrar mi fe y agregar eficacia a mi misión.

 

Lo que estudié en aquellos años me permitió entender que aunque nuestra tarea es esencialmente espiritual, no podemos desentendernos de las etapas de maduración cognitiva, las distintas áreas del desarrollo y los diferentes estilos de aprendizaje porque estas son variables preestablecidas por Dios para el crecimiento humano. El proceso de maduración por el que nacemos como bebés, nos convertimos en niños y luego nos encaminamos hacia la adultez no es un efecto de la cultura sino que es arte del gran artista y por eso es tan valioso prestar atención minuciosa a estos procesos de cara a hacer discípulos de las nuevas generaciones con eficacia.

Lo que me sucedió mucho después de aquellos estudios, es que dos años atrás, Dios me incomodó a volver estudiar de estos temas. Digo “incomodó” intentando ser prudente con mis palabras pero quizás debería decir “molestó”. Y es que estaba muy cómodo publicando todo tipo de libros y Biblias al liderar una de las editoriales más renombradas en el ámbito cristiano y también había comenzado una iniciativa para pastores que incluía un programa de televisión que tuvo una muy buena repercusión inmediata. Pero estaba incómodo luchando con una cada vez más poderosa sospecha de que Dios quería que mirara para otro lado y sintiéndome totalmente distraído respecto a lo que tenía a la mano hacer. Y así fue que volví a estudiar.

Un artículo en Harvard Business Review, una nota de Time y luego algunos libros como “The Teenage Brain” (El cerebro adolescente) de Frances E Jensen  y “Welcome to Your Child´s Brain” (Bienvenido al cerebro de tus hijos) de Sandra A Amot y Sam Wang y me encontré sumergido en lo que estoy seguro que Dios quería que entendiera.

Lo primero que “cafeinó” mis neuronas y emociones fue desayunarme que gracias a la tecnología en los últimos 10 años ha habido más descubrimientos respecto al desarrollo neuronal y cómo funciona realmente el cerebro que en los anteriores 20 siglos y a partir de allí, Dios hizo su proceso de ayudarme a replantear mi acercamiento al trabajo con nuevas generaciones y llevarme a ese desierto de preguntas que antes mencioné.

 

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