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febrero 19, 2026Cómo lidiar con los controladores
Por Jimmy De Gouveia
En nuestro trabajo ministerial, es muy común encontrarnos con personas difíciles a las que también tenemos que amar. Como pastor y misionero, he tenido el privilegio de liderar equipos de trabajo en diversas partes del mundo y muchas veces me he encontrado tratando con personas que son fanáticas del control. Estas experiencias me han desafiado profundamente, pero también me han enseñado lecciones valiosas sobre cómo gestionar estas relaciones a la luz de las Escrituras.
Los controladores pueden ser personas en autoridad que abusan de su poder o personas muy cercanas a ti que intentan controlarte. ¿Puedes cerrar tus ojos por unos segundos ahora mismo y pensar en un controlador? Tal vez sea parte de tu equipo ministerial o tal vez sea una persona que lidera algún grupo del que tú formas parte.
Ahora bien, lo primero que debes recordar es que las personas que intentan controlarte no son necesariamente malas. Probablemente sean personas necesitadas, heridas, temerosas o inseguras (tanto que, si no haces lo que te dicen, pueden caer en un agujero negro emocional). Esto es así porque la necesidad de control suele originarse en inseguridades profundas y en una baja autoestima. Estas personas pueden haber atravesado experiencias en las que se sintieron impotentes o en las que sufrieron por no tener nada de control sobre la situación, y pueden haber desarrollado estos comportamientos controladores como mecanismo de defensa.
Los controladores utilizan distintas estrategias para cumplir sus deseos: pueden hacer berrinches, pisotearte, quejarse, amenazarte o aplicarte “la ley del hielo”. Por eso, te tienen siempre moviéndote con cuidado, como si caminaras sobre una delgada capa de hielo que puede romperse en cualquier momento y arrastrarte a las aguas oscuras de sus inestabilidades emocionales.
Las personas controladoras suelen ser también manipuladoras. Son individuos que buscan dominar y dirigir las acciones, pensamientos y decisiones de quienes las rodean, con el fin de mantener una sensación de seguridad y poder. Este comportamiento puede manifestarse en diversos contextos, incluyendo las relaciones personales, laborales y familiares… y sí, también en la iglesia.
¿Ya estás pensando en alguien? Mientras vamos profundizando en este tema, seguramente vendrán a tu mente rostros que encajan perfectamente con la descripción que estamos viendo… (pero por favor, ¡no apuntes sus nombres en el margen del libro!).
Antes de continuar, déjame compartirte algunas de las características de las personas controladoras que ha descrito la psicóloga Elena Martínez, de la Universidad de Sevilla:
- Necesidad de control total: intentan manejar cada detalle de su entorno y de las vidas de los demás, evidenciando dificultad para aceptar la incertidumbre o la falta de previsibilidad.
- Críticas constantes: suelen resaltar las faltas de los demás, incluso en aspectos insignificantes, lo que puede minar la autoestima de quienes los rodean.
- Actitud paternalista: a menudo asumen que ellos saben lo que es mejor para los demás, tomando decisiones en su lugar y limitando su autonomía.
- Baja tolerancia a la frustración: cuando las cosas no salen como esperaban, pueden mostrar irritabilidad o enojo, ya que perciben cualquier desviación de sus planes como una amenaza.
- Manipulación emocional: Utilizan tácticas como la culpa o el chantaje emocional para influir sobre las decisiones y comportamientos de los demás.
El problema es que las conductas controladoras pueden generar ambientes tóxicos, afectando negativamente la salud mental y emocional de las personas involucradas. Quienes están bajo el control de estos individuos pueden experimentar ansiedad, estrés y una disminución de su autoestima, lo cual repercute además de manera negativa en el clima de trabajo y en la productividad.
Ante todo eso, el desafío es: ¿cómo amamos a aquellos que intentan controlarnos? ¿Cómo podemos lidiar con ellos sin morir en el intento? ¿Cómo gestionamos estas relaciones en lugar de explotar hacia afuera o de gritar hacia adentro y que nos suba la presión arterial?
Algunas preguntas para pensar…
Lidiar con personas controladoras es un desafío real en el ministerio y en la vida en general. No siempre son personas malintencionadas, pero su necesidad de control puede generar ambientes tóxicos y desviarnos de la misión. Como líderes, debemos aprender a reconocer estas actitudes, establecer límites, y mantenernos firmes en el llamado que Dios nos ha dado. Reflexiona sobre las siguientes preguntas para evaluar cómo estás manejando estas situaciones en tu vida:
- ¿Cómo puedes reconocer cuando alguien está intentando controlarte, y cuál debería ser tu respuesta ante esto?
- ¿De qué manera puedes establecer límites saludables con las personas controladoras sin caer en el conflicto o en el resentimiento?
- ¿De qué manera podrías confiar más en Dios y soltar el control en las áreas donde intentas manejarlo todo por tu cuenta?
Este artículo fue extraído del libro “Tu guía práctica para liderar gente dificil” de Jimmy De Gouveia
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Jimmy De Gouveia es un apasionado misionero de la Iglesia del Nazareno, actualmente sirviendo como Coordinador de Desarrollo de la Iglesia en América del Sur. Con más de 20 años de experiencia pastoral, ha recorrido el continente inspirando a pastores y líderes a mantener sus iglesias relevantes en un mundo en constante cambio.




