Adolescencia: de Netflix a tu cabeza
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abril 1, 2025Estoy de acuerdo con Roger Olson cuando explica que el posmodernismo es un estado de ánimo cultural que se manifiesta como escepticismo hacia las grandes afirmaciones de verdad, cuestionando “la autoridad solo porque es autoridad, la tradición solo porque es tradición y las afirmaciones de verdad solo porque son afirmaciones de verdad”, lo que tiende hacia la destrucción y a menudo se convierte en “una excusa para el individualismo radical”. La posmodernidad como esfuerzo filosófico, en cambio, “es un serio desencanto con la modernidad y la determinación de encontrar algo que la reemplace sin desechar todos los logros de la Ilustración”. Así, aunque hay una sensación de discontinuidad por este desencanto, también hay una sensación de continuidad con la modernidad. Esto lleva a Crystal Downing a definir el posmodernismo como lo que “sigue las enseñanzas del modernismo”, en el sentido de que cuestiona su verdad.
Podemos ver la modernidad y la posmodernidad como una historia de esperanzas no alcanzadas. La modernidad apostó por la razón humana, promoviendo democracias, educación y logros científicos sin precedentes. La posmodernidad reconoce estos logros, pero no niega el desencanto producido por las actitudes totalizadoras y los fracasos morales de la modernidad. A pesar de los avances, la modernidad no cumplió los anhelos más profundos de la humanidad. La modernidad deificó la razón humana, mientras que la posmodernidad se desencantó de este ídolo. En este punto, la fe encuentra un aliado, ya que “el cristianismo y el posmodernismo comparten la preocupación por derribar ídolos”. La posmodernidad ofrece elementos que el cristianismo puede aprovechar, pero es esencial mantener una postura crítica, reconociendo la influencia de ambos movimientos en la teología cristiana y en los creyentes.
Vanhoozer resume que el pensamiento posestructuralista o posmoderno rechaza tres postulados modernos: “(1) que la razón es absoluta y universal, (2) que los individuos son autónomos y capaces de trascender su lugar en la historia, la clase y la cultura, (3) que los principios y procedimientos universales son objetivos mientras que las preferencias son subjetivas”. Aun cuando los pensadores posmodernos buscan nuevas formas de enfrentar las realidades de la vida, reconocen que sus raíces están en la modernidad.
Dos categorías teológicas han adoptado un enfoque posmoderno para contrarrestar los efectos del modernismo en la teología cristiana: los posliberales y los deconstruccionistas.
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Ahora veamos una breve historia del concepto de deconstrucción. La «genealogía» de la palabra francesa «déconstruction» puede rastrearse a través de cinco lenguajes hasta una fuente familiar, pero inesperada. Nos encontramos con Dios cansado de lidiar con personas cuya vida religiosa no era más que repeticiones superfluas de construcciones humanas, una pobre imitación de adoración que carecía de sustancia. Así que YHWH anuncia al profeta:
Por eso, voy a hacer cosas tan maravillosas que este pueblo quedará asombrado. Entonces destruiré la sabiduría de sus hombres sabios y la inteligencia de sus personas inteligentes. (Isaías 29:14 TLA).
Estas construcciones humanas resultaron en una práctica estéril de la religión hipócrita, alejando a aquellos a quienes YHWH solía llamar «mi pueblo», pero que ahora se llaman «este pueblo». La fe piadosa se deterioró en un “estilo de religión manipuladora propia del paganismo”, relegando la relación central con el Creador a la periferia de la vida. Cuando esto sucedió, se descuidó la atención a las palabras de los profetas de Dios; en tiempos de crisis, los líderes optaron por confiar en “sus propios planes sabios y ‘realistas’” que amenazaron el futuro anunciado por Dios. Así, la conclusión inevitable es que ese ingenio humano debe perecer, ser demolido y destruido para que un futuro radicalmente nuevo, producido por YHWH, pueda existir.
Una vez que se eliminan estas construcciones humanas que han limitado el entendimiento de Dios, pueden surgir cosas nuevas. Oswalt vincula este pasaje con momentos históricos donde Dios ha roto estructuras humanas para traer renovación, como con “San Francisco, los pietistas, los reformadores, el avivamiento wesleyano y el movimiento carismático”. Uno de los ejemplos más destacados de renovación es la vida llena del Espíritu en la iglesia neotestamentaria. Durante este período, Dios envía a los discípulos judíos como un pueblo misionero para alcanzar a los gentiles. La iglesia enfrenta el pensamiento griego del imperio romano. En este contexto, el apóstol Pablo usa palabras de Isaías en “secciones fundamentales para su razonamiento”, citando:
“Porque Dios mismo dice: ‘Destruiré los planes humanos por sabios que parezcan, y haré caso omiso de las ideas humanas por más brillantes que sean.’” (1 Corintios 1.19 NBV)
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Como pastor en América Latina, encuentro que la teología deconstructiva tiene más influencia que la teología posliberal en la iglesia local. Ambas son críticas de la modernidad, pero sus enfoques y conclusiones difieren. Los posliberales valoran la iglesia como comunidad de creyentes, mientras que los deconstruccionistas son más cautelosos con ella. La teología deconstructiva puede ser flexible en su compromiso con la ortodoxia, como muestra Caputo, quien es transparente sobre sus raíces católicas romanas, pero descarta algunas creencias ortodoxas católicas.
Estos factores han llevado a los círculos evangélicos a desacreditar la deconstrucción. Sin embargo, creo que puede ser útil en el discipulado de los creyentes si se aborda correctamente. La teología deconstructiva ya está impactando la iglesia en América Latina, y muchos creyentes reciben respuestas defensivas o despectivas de sus pastores. En vez de evadirla o atacarla, la teología deconstructiva debe abordarse desde una perspectiva pastoral cristiana. Para resaltar la relevancia de este tema en el contexto latinoamericano, he ampliado la discusión de las seis frases de Derrida a tres subsecciones: la perspectiva desde el contexto religioso costarricense, que puede servir como modelo; una breve conversación sobre estos dichos en relación con la experiencia de Pedro en la casa de Cornelio; y una aproximación desde para la iglesia latinoamericana. Cada una de estas subsecciones abordará la deconstrucción en el contexto actual de comunidades cristianas en América Latina.
Este artículo fue extraído del libro “La deconstrucción y el espíritu” de Esteban Solis
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Esteban Solís tiene una maestría en liderazgo global del Seminario Teológico Fuller y un doctorado en ministerio de la universidad Duke. Ha estado en ministerio pastoral a tiempo completo por más de veinte años y pastorea junto con su esposa la iglesia El Centro en Costa Rica.