
De vuelta a la misión
abril 27, 2026Desafíos de la crianza espiritual
1. Comunicar información sin formación
La clave para una verdadera formación espiritual está en resistir la tentación de reducir nuestra enseñanza a una mera transmisión de información. Aunque memorizar versículos o aprender detalles de las historias bíblicas es valioso, no es suficiente. Los hechos por sí solos no transforman vidas. La información debe ser un medio para algo más profundo: la formación. Este proceso ocurre en la soledad, el silencio y la comunión directa con Dios, donde los niños pueden escuchar su voz y experimentar su presencia. Es allí, en esos momentos sagrados, donde Cristo empieza a formarse en ellos.
Dallas Willard advierte sobre el peligro de depender únicamente de la información para formar la fe. Sin una formación que transforme el corazón y la vida diaria, podemos crear creyentes que estén listos para morir, pero no para vivir plenamente en Cristo. Esto subraya la importancia de ofrecer una fe que no solo prepare para el futuro eterno, sino que también nutra la vida presente, conforme al propósito de Dios de darnos una vida abundante aquí y ahora (Juan 10:10).
La invitación es clara: como padres debemos comprometer nuestros esfuerzos a crear entornos donde la información y la formación trabajen en conjunto. No se trata de elegir entre enseñar hechos o cultivar momentos de encuentro con Dios, sino de integrar ambas dimensiones. Al hacerlo, ofrecemos a nuestros hijos una fe que no solo conocen, sino que viven, una fe transformadora que los prepara para experimentar la plenitud de la vida en Cristo.
2. Hacer de la crianza una cuestión de entrenamiento moral
Podemos hacer que nuestros esfuerzos tengan como objetivo que nuestros hijos se porten bien. Esto es tentador como padres, porque el buen comportamiento se parece mucho a la fe en el exterior. Nuestros hijos se ven bien educados, van a la iglesia, llevan sus biblias, memorizan sus versículos, piden perdón cuando han lastimado a alguien, incluso pueden ir a viajes misioneros y participar en actos desinteresados de bondad. Cuando les hemos enseñado esas cosas, es tentador decirnos a nosotros mismos: “¡Bien hecho! ¡Mira qué espiritual es mi hijo!”.
En su artículo “How to raise a pagan kid in a Christian home”[1] [Cómo criar a un niño pagano en un hogar cristiano], Barrett Johnson dijo:
“El mensaje del evangelio no consiste en simplemente convertir personas malas en personas morales, sino en traer vida a quienes están muertos espiritualmente. Si enseñamos moralidad sin el poder transformador del evangelio y sin enfatizar la necesidad de una vida completamente rendida a la voluntad de Dios, corremos el riesgo de formar personas moralmente correctas, pero alejadas de una relación viva con Cristo.
¿Estás enseñando a tus hijos a “ser buenos porque la Biblia lo dice” o les estás mostrando que, por sí mismos, nunca podrán alcanzar la verdadera bondad sin aceptar la gracia transformadora de Cristo? La diferencia es crucial. Una enseñanza conduce al moralismo, a una vida centrada en las propias obras; la otra lleva al quebrantamiento, a la comprensión profunda de nuestra dependencia total de Dios. Una enseñanza fomenta la autojustificación; la otra conduce a una vida que proclama con humildad que Cristo lo es todo, y que nada más importa en comparación con él”. [Traducción del autor].
Por supuesto, cuando nuestros hijos son pequeños, el comportamiento moral es de hecho lo que les enseñamos. Les decimos cosas como: “Di gracias”, “Pide las cosas por favor”, “No le pegues a tu hermano”, “Di la verdad”, “Pórtate bien”.
No negociamos estas cosas con ellos; simplemente establecemos esas reglas. En los momentos en que les enseñamos estas cosas, casi ni consideramos los corazones de nuestros hijos, porque estas reglas son solo cosas que hacemos para convivir de manera correcta con los demás.
Pero a medida que nuestros hijos crecen, nosotros como padres podemos no crecer con ellos. Todavía podemos encontrarnos diciéndole a nuestro hijo de quince años: “No fumes”, “No te drogues”, “Dile que lo sientes”, “Sé amable con tu hermana”.
Cuando nosotros como padres hacemos esto, continuamos usando tácticas de comportamiento moral en la etapa en la que del desarrollo moral necesitamos hacer la transición al desarrollo espiritual. En el desarrollo espiritual, lo que más importa es el corazón, no solo las acciones. Es entonces cuando debemos dejar que el Espíritu Santo entre y actúe en la vida de nuestros hijos.
Sin embargo, si no hacemos esa transición, caemos en la tentación de hacer que nuestros hogares se centren simplemente en formar hijos buenos. Ahora, déjame decirte que Jesús no nos pidió formar buenos hijos, aunque está genial que lo sean. Él nos pidió formar personas de fe. Y la fe es más compleja y difícil de medir que el comportamiento moral.
[1] Johnson, B. (2013, November 13). How to raise a pagan kid in a Christian home. INFO for Families. https://www.infoforfamilies.com/blog/2013/11/13/how-to-raise-a-pagan-kid-in-a-christian-home
Este artículo fue extraído del libro “Cómo transferir la fe a tus hijos” de Sergio Valerga.
Adquiere el libro completo aquí

Sergio Valerga
Graduado del Christ for the Nations Institute en la ciudad de Dallas, Sergio Valerga es un experimentado pastor, autor y conferencista. Su liderazgo se extiende como Director Nacional de e625.com en Estados Unidos, donde impulsa iniciativas de gran impacto entre pastores y padres. En el corazón de su vida se encuentra su familia: su esposa Carina y sus hijos Sergio y Allan.




