
Yo creo en el Espíritu Santo
mayo 4, 2026Estableciendo una cultura de RENDICIÓN DE CUENTAS
A nadie le gusta rendir cuentas, ¿te has dado cuenta? Es natural en el ser humano el creer que rendir cuentas es una manifestación de debilidad o de aceptar que el otro es superior a uno. Pero esa es justamente la instrucción de Jesús. Pablo lo dice así:
“No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie. Sean humildes, es decir, considerando a los demás como mejores que ustedes”. Filipenses 2:3
Según este versículo, el andar diario del creyente va en clara oposición a las verdades de la sociedad, una sociedad que impulsa al ser humano a creer que uno mismo es el mejor y que no debe humillarse frente a otro confesando sus faltas. Estas son solo percepciones subjetivas de la realidad.
Jesús no piensa así.
La rendición de cuentas en la Biblia
Todo esto no proviene de un momento de inspiración personal. Es el ejemplo que miro una y otra vez dentro de las Escrituras. Si el líder ha de ser usado por Dios, este debe ser humilde, porque Dios atiende a esta clase de líder, pero mira de lejos a los orgullosos que creen que deben verse bien ante los demás (Salmos 138:6).
Desde la escatología podemos ver a un Dios que pide rendición de cuentas. ¿No es esto lo que los cristianos conocemos como el “juicio final”? La Biblia lo establece con mucha claridad:
“Dios nos juzgará por cada cosa que hagamos, incluso lo que hayamos hecho en secreto, sea bueno o sea malo”. Eclesiastés 12:14
Nada se escapa a los ojos de Dios. Todo el salmo 139 es una hermosa poesía relacionada con este tema. Dios nos conoce, no podemos ocultarnos de él y un día nos pedirá cuentas. Además, ¿de qué se trata el arrepentimiento? Uno de los casos más claros para mí es el del profeta Isaías, quien lo dice de la siguiente manera:
“Vengan ahora. Vamos a resolver este asunto —dice el Señor—. Aunque sus pecados sean como la escarlata, yo los haré tan blancos como la nieve. Aunque sean rojos como el carmesí, yo los haré tan blancos como la lana. Si tan solo me obedecen, tendrán comida en abundancia. Pero si se apartan y se niegan a escuchar, la espada de sus enemigos los devorará. ¡Yo, el Señor, he hablado!”. Isaías 1:18-20
No es raro para Dios decir: “Vengan y pongámonos a cuentas. Si hay algo malo, lo vamos a arreglar, y si hay alguna desviación, la vamos a enderezar”. Y en Isaías todo arranca con una palabra: vengan. No es una actitud meramente del corazón. Implica un acercamiento a la persona a la que le daré cuentas, que en este caso es Dios.
Tú y tus líderes no son infalibles y ya es tiempo de dejar de lado el pensamiento de que los demás deben vernos como infalibles. Solo hay uno que es infalible, los demás fallamos, y a pesar de que no vivimos vidas en rebeldía a Dios, aún estamos constantemente luchando con nuestra naturaleza. Necesitas líderes que conozcan y acepten esto porque entonces, en la conciencia de su condición de necesidad, buscarán las herramientas que Dios ha provisto, como la rendición de cuentas.
Si se espera perfección de los líderes, ocurre que como no pueden lograrla, comienzan a fingirla. Lo he visto cientos de veces. La rendición de cuentas es enemiga del fingimiento. No podemos tener una y la otra, se excluyen mutuamente.
Como pastor, cuando algún líder se niega a dar cuentas de su vida conmigo, queda fuera de mi consideración para liderar, porque quiero líderes humildes en su carácter y realistas en su condición espiritual. No quiero reproducir en la vida de la iglesia la idea de que los líderes son mejores moralmente, porque no lo son. El estándar divino es demasiado alto y todos quedamos en deuda.
Sí, por supuesto que espero que el líder sea una persona más madura y temerosa de Dios, que motive a los demás a parecerse a Cristo y a seguir su ejemplo. Pero el estándar debe ser Cristo, porque aún en nuestras debilidades podemos testificar de un Dios que nos perdona y corrige.
No encontrarás un solo pasaje en la Biblia en el que aparezcan estas tres palabras, “rendición de cuentas”, pero el concepto es bastante claro. La Biblia lo establece desde dos ópticas.
- Cuentas a Dios
- Cuantas a los demás
Esto no puede ser más claro ni más crudo. Confesar es abrir nuestra boca y hablar la verdad en cuanto a nuestras debilidades. Y las razones para no confesar están claras: nadie quiere verse débil, nadie quiere reconocer que ha fallado. Pero esta es la voluntad de Dios para los creyentes y ¡cuánto más para el líder!
(Como una nota al margen, te “profetizaría” que, en promedio, tendrás más dificultad para instalar esta cultura de rendición de cuentas entre hombres que entre mujeres. El varón batalla con presentarse como “el salvador” de los demás, mucho más que la mujer. Hay toda una explicación de por qué pasa esto, pero se lo dejaré a los que saben más de esta característica particular. Tú solo prepárate para trabajar con ambos sexos de una manera intencionada y con estrategias claras).
Santiago 5:16-20 da un elemento esencial en esta rendición de cuentas: la oración. Dice que en este proceso puede pasar algo maravilloso. Puede ocurrir que alguien se aparte de la verdad pero que, por la confesión de pecados, podemos hacer volver a la verdad a aquel al que se ha separado. ¿No te parece esto increíble? Dios puede hacer volver a otra persona que está caminando en caminos peligrosos, por el efecto de la rendición de cuentas, y esto se traducirá en perdón de sus pecados. La tarea de rendición de cuentas es increíblemente hermosa y satisfactoria. Sí, es incómoda, pero es muy provechosa. No la dejes pasar.
Que el Señor te dé gracia para generar esta hermosa cultura de rendición de cuentas con tus líderes.
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