
Yo creo en jesucristo
febrero 16, 2026Integrando generaciones saludablemente
Por Raquel López
A comienzos del 2023 recibí una llamada inesperada de Roberto. Con voz serena pero firme, compartió una idea que gestaba en su corazón: quería enseñar a los niños a construir chiringas. Roberto vive con Parkinson desde hace años y es muy consciente del tiempo que le queda para trabajar con sus manos. Por eso decidió llamar, no para pedir un favor, sino para ofrecer lo que aún tenía para dar.
Su deseo no era liderar un programa, sino transmitir el conocimiento que había amado durante años. Construir una chiringa no era solo una destreza manual; era memoria, paciencia y, sobre todo, relación. Durante el campamento, niños y adultos se sentaron juntos bajo la dirección de Roberto. Al final, fuimos al Morro a volarlas. Aunque menos de la mitad se elevó, nadie midió el éxito por el resultado. Los niños observaban su proyecto con seriedad y los adultos con profundo respeto. Allí comprendí que la fe se formaba en el vínculo y no en el desempeño.
Comprendí que así como los jóvenes necesitan a los adultos, los adultos necesitan la mirada honesta, el entusiasmo y las preguntas sinceras de las nuevas generaciones. Como dice Proverbios 20:29: “El orgullo del joven es su fuerza; el del anciano, su experiencia”. Integrar generaciones no es coexistir bajo un mismo techo, sino caminar en comunión, reconociendo que cada grupo tiene algo que ofrecer y recibir.
De una iglesia multigeneracional a una intergeneracional
La mayoría de las iglesias son multigeneracionales porque reúnen a diversas edades, pero no todas son intergeneracionales. A menudo compartimos el calendario, pero no la mesa ni la vida cotidiana de la fe. El problema no es la diferencia de pensamiento, sino cuando esa diferencia se vive sin reconocimiento mutuo.
Integrar generaciones significa construir puentes intencionales. Una iglesia intergeneracional se caracteriza por:
- Escuchar con respeto a cada generación.
- Valorar cada voz según su experiencia y llamado.
- Entender el discipulado como un proceso que fluye en ambas direcciones.
- Organizar la vida ministerial por dones y no solo por edad.
- Construir pertenencia desde la relación y no solo desde el programa.
Fundamento bíblico y teológico
La fe es profundamente comunitaria. El salmista declara: “Generación a generación celebrarán tus obras” (Salmo 145:4). La fe se hereda en relación, a través del testimonio compartido y la vida diaria. Jesús mismo encarnó esta visión al participar en conversaciones con adultos en el templo siendo niño y, más tarde, al confrontar a sus discípulos cuando intentaban apartar a los niños. Su respuesta fue clara: “Dejen que los niños vengan a mí… porque de ellos es el reino de Dios”.
Cuando enviamos a niños y jóvenes a espacios separados permanentemente, debemos preguntarnos: ¿los estamos discipulando o simplemente apartándolos para que no interrumpan nuestra manera adulta de hacer iglesia? Separar por edades puede ser útil en momentos formativos, pero no debe ser la única experiencia de fe. Los niños y jóvenes no son la iglesia del mañana y un proyecto de futuro; son la iglesia presente y actual, y cómo insiste el Dr. Lucas Leys en decir: son una prioridad estratégica dada por Dios a su pueblo desde el gran mandamiento en Deuteronomio 6:4-9.
Aspectos sociológicos y prácticos
Vivimos en una sociedad organizada por edades donde cada etapa tiene su propio lenguaje. El obstáculo no es la tecnología, sino el miedo a no encajar o a decir algo incorrecto. Los jóvenes no buscan adultos “perfectos” o modernos; buscan interés genuino, respeto y amor sincero.
Prácticas para generar encuentros reales:
- Cambiar la convocatoria: En un campamento, nadie se ofreció para “trabajar con niños”. Sin embargo, cuando pregunté por “campeones del trompo”, seis abuelos levantaron la mano para enseñar su destreza. No convoquemos para rellenar espacios, sino para compartir dones.
- Familias adoptando compañía: Invitar a matrimonios jóvenes a compartir un café o una llamada con adultos mayores.
- Pulseras de oración: Adultos y niños intercambian pulseras con sus nombres para orar específicamente el uno por el otro.
- Visibilización: Aprenderse sus nombres, celebrar sus logros escolares y reconocer que su presencia importa aquí y ahora.
Conclusión
La fe es un hilo que atraviesa las generaciones. Quienes lo sostienen son los que deciden vivir el llamado de generación en generación. No se trata de tener el plan perfecto, sino de estar dispuestos a dar el próximo paso: nombrar, saludar, escuchar y valorar. Cuando una iglesia decide caminar junta, el Espíritu Santo transforma la diversidad en familia.
Bibliografía
- Allen, H. C., & Ross, C. B. (2012). Intergenerational Christian Formation: Bringing the Whole Church Together in Ministry, Community and Worship. IVP Academic.
- Leys, L. (2017). Liderazgo Generacional. e625.
- Powell, K., Mulder, J., & Griffin, B. M. (2016). Faith Beyond Youth Group: Five Ways to Form Character and Cultivate Lifelong Discipleship. Baker Books.
- Roberto, J. (2015). The Power of Intergenerational Ministry. Lifelong Faith Associates.
Raquel Lopez
Raquel es parte del equipo de e625 Puerto Rico. Casada con Eliezer Ronda y mamá de Racheli. Además de estudiar comunicaciones y relaciones públicas hizo una certificación en ministerios urbanos para la juventud en el Seminario Teológico de Fuller. Actualmente dirige Like Interactive con especialidad en estrategias de marketing digital y es colaboradora del grupo de «Ideas para Iglesias» con el fin de generar nuevas propuestas para la Iglesia hispana.


