
Estableciendo una cultura de RENDICIÓN DE CUENTAS
mayo 18, 2026Una nueva división entre creyente y discípulo
Un creyente puede vivir agradecido por la obra de la cruz y por su salvación, pero solo el discípulo disfruta las herencias que Cristo ha ganado para Él, herencias que forman parte de la vida abundante que Él planeó para nosotros. No estoy haciendo una segmentación infundada y arbitraria, pues la Escritura muestra que el creyente se transforma en discípulo cuando incursiona en la comunión con el Espíritu Santo.
Es en nuestro apego diario al Espíritu que Él nos comunica lo que para otros queda velado al negarse a tener una comunión cercana con Él:
«Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han entrado al corazón del hombre, Son las cosas que Dios ha preparado para los que lo aman». 10 Pero Dios nos las reveló por medio del Espíritu, porque el Espíritu todo lo escudriña, aun las profundidades de Dios (1ª Corintios 2:9-10, NBLA. Énfasis del autor).
Estoy seguro de que, como yo, también tienes hambre de abrazar todo lo que Dios ha preparado para ti, y sé que lo recibirás si te atreves a seguirlo como discípulo. El creyente puede comprender cognitivamente que en Dios hay planes de bien y no de mal, pero el discípulo se introduce al terreno del entendimiento por experiencia y no solo por comprensión intelectual.
Las herencias espirituales que Jesús ha ganado para nosotros no solo son cuadros de museo para ser admiradas u objeto de estudio en análisis teológicos, sino también vividas, experimentales. Me permitiré enfatizar la palabra también. No quisiera ser malinterpretado afirmando que la herencia espiritual debe “sentirse” y no “comprenderse”. Lo que digo es que la herencia espiritual debe admirarse, estudiarse, valorarse a la luz de la Palabra, pero también disfrutarse, como el hijo pródigo, que participó de la fiesta de su recibimiento: degustó la comida, experimentó el calzado nuevo en sus pies y seguramente agradeció el nuevo aroma que ahora tenía su cuerpo. No especuló sobre qué significaría recibir la gracia del Padre, la vivió, la recibió. Quizá nunca terminó de comprenderla, pero la experimentó en espíritu, alma y cuerpo.
No todo lo espiritual es cognoscible, pero no todo está alejado de nuestro alcance. ¡Podemos echar mano de nuestra herencia a través de la fe!
Y nosotros hemos recibido el Espíritu de Dios (no el espíritu del mundo), de manera que podemos conocer las cosas maravillosas que Dios nos ha regalado (1ª Corintios 2:12, NTV).
Es importante, entonces, que admitamos que somos seguidores de Jesús cuando permanecemos en esta alianza con Él: dejándonos guiar por el Espíritu. En oposición a ideas sin fundamento bíblico que alimentan la ignorancia en los creyentes, haciéndoles creer que el Espíritu hablará cosas místicas impredecibles, Jesús nos enseña cuál es la verdad sobre este tema:
»Aún tengo muchas cosas que decirles, pero ahora no las pueden soportar. 13 Pero cuando Él, el Espíritu de verdad venga, los guiará a toda la verdad, porque no hablará por Su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y les hará saberlo que habrá de venir. 14 Él me glorificará, porque tomará de lo Mío y se lo hará saber a ustedes (Juan 16:12-14, NBLA. Énfasis personal).
El Señor fue incluso más específico y clarificó a sus discípulos qué es lo que el Espíritu nos hablaría:
…el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en Mi nombre, Él les enseñará todas las cosas, y les recordará todo lo que les he dicho (Juan 14:26, NBLA. Énfasis personal).
Vemos, pues, cómo se teje el puente entre lo que hemos hablado en el capítulo anterior y en éste: es discípulo quien se rinde al Señorío de Cristo, quien no elige navegar con mapa propio. Y el Espíritu Santo nos capacita, nos potencia, nos dirige, nos habla y nos instruye recordándonos las palabras de Jesús, el Maestro. Aquellas cosas antes escondidas a nuestros ojos y oídos ahora nos son cercanas.
No necesitamos aventurar interpretaciones sobre qué querría decir la Escritura, lo tenemos claro en las palabras de Jesús mismo: los misterios que el Espíritu pueda hablarnos y enseñarnos siempre estarán en sintonía con las enseñanzas y dirección de nuestro Señor. El discípulo valora esa pauta, aprecia la voz del Espíritu porque aprecia la voz de Jesús; aprecia la voz del Espíritu porque es imposible seguir las pisadas de Jesús sin el poder que Él mismo nos ha dado por medio del Consolador.
El Señor dijo: »Si ustedes se mantienen unidos a mí, yo me mantendré unido a ustedes. Ya saben que una rama no puede producir uvas si no se mantiene unida a la planta. Del mismo modo, ustedes no podrán hacer nada si no se mantienen unidos a mí. 5 »El discípulo que se mantiene unido a mí, y con quien yo me mantengo unido, es como una rama que da mucho fruto; pero si uno de ustedes se separa de mí, no podrá hacer nada (Juan 15:4-5, TLA. Énfasis personal).
También enseñó algo más:
Entonces Jesús decía a los judíos que habían creído en Él: Si ustedes permanecen en Mi palabra, verdaderamente son Mis discípulos (Juan 8:31, NBLA).
Con todo lo que hemos hablado aquí, ya podemos coincidir en que sería un engaño ostentar ser discípulos sin una comunión viva en tres direcciones:
- Con Jesús y sus enseñanzas
- Con Su Palabra
- Con Su Espíritu
Será la intimidad con Su Palabra la que nos lleve a la comunión con Cristo y con Su Espíritu. Será el Espíritu quien nos recuerde las palabras del Maestro y las hará vivas en nuestro corazón. Será Jesús, nuestro Señor, quien nos impulsará a andar como Él anduvo en el poder del Espíritu Santo.
Es esta comunión tridireccional la esencia que lleva al discípulo a parecerse más y más a su Maestro. Un aprendiz no va detrás de su maestro para conseguir únicamente información o sensaciones agradables, sino para ser conformado a la imagen de aquél a quien ha decidido seguir.
Este artículo fue extraído del libro “De creyentes a discípulos: el camino pastoral” de Alejandro Escobedo.
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Alejandro Escobedo
ALEJANDRO ESCOBEDO Es pastor fundador de la Iglesia Conquistando Fronteras, una de las congregaciones de mayor desarrollo en la Ciudad de México, y preside una red de iglesias a nivel local e internacional. Ha caminado en el ministerio pastoral por más de 30 años junto a su esposa Norma, y es padre de tres hijos que aman y sirven al Señor.





